Vuelvo a tomarle la mano. Será un buen día, un día espléndido. Un día mágico. No puedo evitar sonreír.
Le amo, Alice- pronuncie lentamente, con acritud por sobre su hombro- Le amo como jamás había amado a nadie.
Me alejo con cuidado de su cuerpo y miro mi rostro con sorpresa reflejada en sus ojos -¿Le amas?- repitió mis palabras -¿Estas diciéndome, que amas a Edward?
Asentí- Con todo mi corazón
¿Cómo pretendía ayudar a Edward, si yo estaba aun mas rota?
-Escucha tu rededor. –Continuo sus instrucciones Hale.- Concéntrate en el sonido de tu respiración. Intenta relajar tu cuerpo. ¿Funciona?
-Si.
-Bien- aunque negaba con la cabeza. - Relájate más. –Pidió- Olvídate de todo. Olvida lo que te rodea, que haga que te preocupes o molestes. Y respira más profundamente. –Espero a que su orden fuera obedecido -¿Cómo te sientes ahora?
-Me siento…-comenzó Edward con susurros- Como un idota. Relajado. Un idiota relajado.